La nutrigenética explica las interacciones entre nuestros genes y nuestra dieta y estilo de vida.
La ciencia moderna está descubriendo que los genes son dinámicos y que pueden expresarse o no,
o hacerlo en mayor o menor medida dependiendo de nuestros hábitos alimentarios y de vida.
Podríamos decir que son como un interruptor gradual de luz, no cambia pero puede estar encendido o apagado
y puede dar más o menos intensidad de luz. Por esta razón los genes establecen el límite que define una
salud óptima para cada uno de nosotros.
Algunas de las características de nuestra salud que se pueden prevenir con la nutrigenética son:
Salud Ósea
Salud Cardiovascular
Ejercicio físico
Salud y Control de Peso
Inflamación Crónica
Salud Ósea
Se debe pensar en la salud de los huesos como en un proceso dinámico. Los huesos están en un continuo
estado de formación y destrucción. Dependiendo de la etapa de vida en la que nos encontremos,
la formación puede ser mayor o menor que la destrucción. Aunque está comprobado que la mayor densidad ósea
se alcanza cuando nos acercamos a los 30 años.
Una vez superado este pico máximo de densidad ósea, es particularmente importante preservar la masa de hueso
que tengamos, sobre todo previniendo las posibles fracturas y proporcionando los ingredientes adecuados
para reparar el tejido dañado. Así estaremos preparados cuando el peligro de la osteoporosis amenace con
reducir nuestra calidad de vida.
Prevenir la osteoporosis
La osteoporosis afecta a unos 3 millones de personas en España, y de éstos unos 60.000 son hospitalizados
cada año con fracturas de cadera.
El romperse un brazo o una pierna puede traer ciertos inconvenientes, pero la ruptura de cadera puede
significar una pérdida de movilidad permanente.
La Osteoporosis es una enfermedad que tarda años en aparecer. Si no es detectada a tiempo, puede progresar
sin síntomas evidentes hasta que ocurre una fractura. Existen ciertos factores que contribuyen al riesgo
de desarrollar la enfermedad, como los alimentos que ingerimos, el tiempo y tipo de actividad física
que desarrollamos, ciertos medicamentos, el habito de fumar, el consumo de alcohol, la cafeína,
problemas como la anorexia, la enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, enfermedad celiaca, la edad, el sexo,
el tamaño del cuerpo, la etnia, el historial familiar y variantes genéticas que tengamos.
Para poder comenzar a prevenir esta enfermedad el primer paso es recopilar información sobre tu densidad ósea,
el riesgo de desarrollar osteoporosis, y las opciones existentes para modificar los factores de riesgo debidos
al estilo de vida y la dieta.
Nutrientes clave
En la salud de nuestros huesos hay nutrientes directamente implicados en la creación y desaparición
de su tejido, los cuales se adquieren de los alimentos que tomamos. El calcio y la vitamina D son los
nutrientes principales. Sin embargo, la ingesta de proteínas, fruta y verduras pueden también estar
implicados ya que el fósforo, el magnesio, el flúor, el boro, la vitamina C, la vitamina K, la vitamina B12
y la vitamina A juegan también un papel importante en la salud de los huesos.
Actividad física
Para fortalecer los huesos, éstos necesitan ser ejercitados. Ejercicios como andar, correr, practicar tenis o
bailar, contribuyen a mejorar el tejido del hueso y a prevenir numerosas enfermedades.
Medicación
Hay ciertas sustancias tales como los esteroides, anticonvulsivos, hormonas tiroideas y ciertos tratamientos
contra el cáncer que aumentan la pérdida del hueso.
Tabaco, alcohol y cafeína
Aparte de la larga lista de efectos que estos componentes tienen sobre la salud, también perjudican a la
densidad del hueso. A pesar de que se ha demostrado que beber alcohol de forma moderada puede ser en parte
beneficioso para prevenir ciertas enfermedades, el consumo en exceso de esta sustancia está relacionado
con un alto riesgo de sufrir osteoporosis y fracturas diversas.
La cafeína parecer ser menos dañina que el tabaco y el alcohol pero se ha comprobado que aumenta la eliminación
de calcio (componente esencial para la salud de los huesos).
Historial familiar
La herencia en un factor implicado en el riesgo de sufrir fracturas. Observar la situación de padres
y abuelos es una forma de calcular las medidas que se deben tomar para prevenir la ruptura de huesos
y la osteoporosis.
Nutrigenética y la salud del hueso
Se han identificado varios genes relacionados con la salud de nuestros huesos que responden a cambios
en el estilo de vida. La información de éstos se pueden utilizar para proteger la densidad mineral del hueso
y prevenir enfermedades óseas. Algunos de estos genes son: VDR, CALCR, COL1A1, TNFA, IL1 e IL6.
La única manera de conocer si tienes una de las variantes que aumenta el riesgo del osteoporosis es
la prueba nutrigenética.
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Salud Cardiovascular
El corazón, junto con los vasos sanguíneos, funcionan de forma muy similar a las cañerías que tenemos
instaladas en casa. El corazón actúa como una bomba y los vasos como las cañerías que llevan la sangre
a todas las partes del cuerpo. De esta forma el oxigeno y los nutrientes que ingerimos por medio de
los alimentos llegan a la circulación sanguínea y son bombeados a través del cuerpo llegando así a cada célula.
En el viaje de vuelta, la sangre, que está llena de residuos y tiene poco oxígeno, se dirige a los riñones,
donde se purifica, y a los pulmones, donde el dióxido de carbono es intercambiado por oxígeno,
cerrando así el ciclo. Por ello, el sistema cardiovascular debe estar en movimiento constante y el corazón
es la bomba que impulsa todo el sistema.
Cuando la capacidad de bombear del corazón o de fluir la sangre a través del vaso sanguíneo se deteriora,
es probable que aparezcan problemas de salud.
Enfermedades cardiovasculares: Enfermedades cardíacas y derrame.
Cuando en los vasos sanguíneos se forma una placa o un coágulo de sangre, el flujo de sangre se reduce
y esta no puede llegar a todas las partes del cuerpo. Cuando se interrumpe el flujo de sangre al corazón
puede darse un ataque al corazón y si ocurre en el cerebro lo que ocurrirá será un derrame.
De ocurrir en las extremidades se producirán trombosis y varices.
Las enfermedades cardíacas y el derrame son las enfermedades cardiovasculares más comunes en España
y explican el 33% de todas las muertes del año. Las enfermedades cardiovasculares son la causa principal
de muerte.
Enfermedad Cardiovascular
La enfermedad cardiovascular se asemeja a un paraguas, debajo del cual se encuentran muchas otras condiciones
relacionadas con la salud cardiovascular. A pesar de que hayamos hablado del problema como si se tratase
de uno solo, esto no es cierto. Las enfermedades cardiovasculares incluyen varios tipos de enfermedades
como por ejemplo: la enfermedad de la arteria coronaria, la enfermedad cardiaca coronaria, la aterosclerosis,
la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial, el derrame, y las enfermedades vasculares periféricas.
¿Estás en riesgo?
A pesar de que las estadísticas son alarmantes, la buena noticia es que estas enfermedades pueden
prevenirse. Incluso cuando nuestras características genéticas nos hacen más vulnerables a estas enfermedades
hay acciones que podemos realizar para combatir nuestros puntos débiles genéticos.
El desafío, entonces, es conocer qué está bajo nuestro control y qué no lo está, para saber qué elecciones
tomadas en nuestro estilo de vida nos serviran para prevenir estas enfermedades.
Los genes y la salud cardiovascular
Los resultados de estudios científicos están siendo divulgados con la intención de influir en las personas
para que realicen cambios en su estilo de vida.
Lo más seguro es conocer nuestras variaciones genéticas, ya que, pueden revelar exactamente qué alimentos
necesita nuestro cuerpo. Conocer cómo funciona nuestro cuerpo frente al colesterol, puede clarificar de forma
efectiva qué dieta y qué estilo de vida, son los mejores para prevenir enfermedades cardiovasculares.
Algunos genes que, interactuando con nuestros hábitos alimentarios y nuestro estilo de vida, influyen en nuestra
salud cardiovascular son: APOC3, CETP, IL6, LPL y MTHFR. Mediante un análisis nutrigenético se puede detectar
la variante que cada persona tiene, de estos genes, y a partir de ello, proporcionar unas pautas a seguir, tanto
con las diferentes opciones dietéticas como de estilo de vida.
La prevención
Las enfermedades cardiovasculares tardan años en desarrollarse. El conocer tu perfil genético te posibilita
llevar a cabo y un estilo de vida acorde con éste, lo que nos permite mejorar la estrategia para luchar contra
este tipo de enfermedades.
Se ha demostrado que ciertos alimentos, bebidas y alimentos, tales como grasas no saturadas, fibra, soja y
algunos fitonutrientes, potasio y antioxidantes sirven para proteger el corazón. Mientras que otros como las
grasas saturadas y el sodio están asociados al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
¿Son todas las grasas malas?
Los hábitos alimenticios para prevenir este tipo de enfermedades comienzan a muy temprana edad.
Aproximadamente a la edad de dos años, es recomendable cambiar la leche entera por otra con poca grasa.
La investigación sugiere que la grasa saturada, por ejemplo la que tiene la leche entera, puede aumentar
los niveles de colesterol de la sangre.
Ciertas grasas, por ejemplo las grasas monosaturadas o ciertas grasas poliinsaturadas, pueden proteger
al corazón de los peligros de sufrir enfermedades cardiovasculares.
La sal
Ha quedado ampliamente demostrado la relación ente el sodio y la presión arterial. Por lo que la sal
(que es la fuente principal del sodio en nuestra dieta) está directamente relacionada con los problemas
de tensión arterial.
La variación genética de cada individuo influye en la sensibilidad que tenga la tensión
arterial en relación con la ingesta de sodio. Por lo que una vez más, un análisis nutrigenético es esencial
para poder mantener a raya este problema.
El Papel de los antioxidantes y de los Fitonutrientes
Incluir en la dieta frutas, verduras y legumbres es una de las mejores formas de conseguir una gran variedad
de vitaminas, minerales, fibra y muchos más nutrientes que están aún por descubrir.
Estos alimentos contienen antioxidantes y fitonutrientes a los que se les atribuye la cualidad de ser
protectores contra enfermedades cardíacas, a pesar de no saber exactamente en qué medida actúa cada uno.
Sin embargo, a pesar del desconocimiento del proceso exacto, la gran cantidad de antioxidantes, fitonutrientes,
fibra y otras sustancias procedentes de los vegetales, reducen el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
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Ejercicio físico y Salud
La clave para estar en forma es encontrar actividades que te guste realizar en tres áreas principales:
fuerza, flexibilidad y resistencia. Esta es la forma más sencilla de conseguir los beneficios que el
ejercicio físico aporta a tu salud. Además, no podemos olvidar las otras ventajas que proporciona el ejercicio
como la reducción del estrés y la mejora del sueño y el estado de ánimo.
Por un lado, el ejercicio físico ayuda a mejorar la circulación y la función del corazón, de manera que hace
llegar los nutrientes de forma más eficiente a todos los tejidos del cuerpo y hace que los desechos sean
eliminados con más facilidad.
Por otro lado, el aumentar la fuerza muscular ayuda a aumentar la tasa de quema de calorías, y la flexibilidad,
a su vez, ayuda a no tener los músculos entumecidos y a prevenir lesiones.
Nutrigenética: Tus genes y tus capacidades
La investigación nutrigenética hasta la fecha, ha estado basada en enfermedades crónicas como: enfermedades
cardíacas, la hipertensión arterial, cáncer y diabetes, y ha proporcionado información genética valiosa
que ha llevado a entender cómo la actividad física aporta beneficios en el tratamiento y la prevención de
estas enfermedades.
La Nutrigenética, por tanto, tiene un amplio abanico de aplicaciones en el área de actividad física.
Una meta importante es poder establecer qué régimen de ejercicio sería el más efectivo para un individuo
interesado en perder o mantener su peso o que tablas serían más productivas para el entrenamiento de atletas.
Ventajas de la actividad física
Muchos de nosotros necesitamos una motivación extra que nos recuerde los beneficios del deporte.
Encontrar la forma de hacer ejercicio dentro de nuestra rutina diaria es la forma de comenzar el largo
viaje hacia el bienestar. El ejercicio puede ser un vehículo para conseguir metas como: alcanzar un
buen estado físico, perder o mantenerte en tu peso, y prevenir lesiones. Además el ejercicio juega un papel
importante en la prevención o reducción del colesterol, la salud cardiovascular, el dolor crónico,
la diabetes, la hipertensión arterial, patrones irregulares del sueño, osteoporosis, y estrés.
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Control de peso y salud
Las actividades cotidianas relacionadas con el aumento de peso, tales como el control de la cantidad de
comida ingerida y el ejercicio diario, marcan el inicio de nuestros errores.
Cuando los momentos de estrés llegan y hay comida alrededor, no se piensa en el equilibrio de las calorías.
La clave para perder peso y mantenerlo es sentirse bien. Esto puede significar darse un capricho de vez en cuando,
como comer una barra de chocolate, pero no perder la visión general de la salud.
Nutrigenética: Tus genes y tu peso
Durante años los científicos han debatido si el peso de una persona se debe a la naturaleza o a la alimentación.
Al final se llegó a la conclusión de que ambos tienen parte de influencia, aunque nuestros genes definitivamente
juegan un papel central. Estos nos afectan en situaciones como la forma de comer, el apetito, las preferencias
del alimento, cómo convertimos eficientemente el alimento en energía, si tendemos a almacenar la grasa fácilmente
(y dónde), si construimos la masa magra del músculo fácilmente, si quemamos rápidamente la grasa almacenada,
etc.
Los especialistas creen que nuestros genes nos dan, a cada persona, ventajas o desventajas cuando se trata
de mantener nuestro peso ideal. Lo importante es conocer o identificar los genes que están relacionados con el
peso corporal para poder comprender contra qué estamos luchando y cual es la mejor manera de alcanzar nuestras
metas. Cerca de cien genes han sido identificados como relacionados con nuestro peso. La regulación del apetito
y como el cuerpo quema calorías, son los tópicos más estudiados en este campo.
Riesgo de enfermedades
Varios estudios han demostrado que tener sobrepeso conlleva un riesgo aumentado de padecer una larga lista
de enfermedades crónicas; como por ejemplo: diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares,
ciertos cánceres, apnea del sueño y problemas de articulaciones. Lo que es más alarmante es que el riesgo de
muerte puede ser entre dos y tres veces mayor que si no existiese sobrepeso.
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Inflamación Crónica
Aunque pensemos que las inflamaciones son algo perjudicial en realidad esto no es del todo cierto.
Simplemente es la manera que tiene tu cuerpo de defenderse de una amenaza ya sea una lesión, una infección o
un virus. Esto no ocurre sólo en la piel, sino también el resto de órganos del cuerpo, por ejemplo:
cuando te rompes una pierna o tienes una reacción alérgica. También es lo que ocurre en los vasos sanguíneos
o en el intestino cuando sufren alguna amenaza, o en los pulmones cuando están continuamente bombardeados por
el humo de tabaco. Lo normal es que la zona amenazada se inflame y cuando la amenaza haya pasado vuelva a su
estado normal. El problema viene cuando la inflamación se vuelve crónica y las moléculas de defensa se
producen de forma continua provocando hinchazón y dolor crónico, todo esto se complica, debido a que,
el afectado no se da cuenta del problema hasta que la inflamación es severa y produce dolor.
Cómo funcionan las inflamaciones
La inflamación se inicia con la aparición de los desencadenantes, que producen una cascada de reacciones.
Los desencadenantes son un compuesto químico externo, que el cuerpo trata como una toxina potencial o
agentes biológicos como microorganismos, parásitos o virus. En la siguiente fase se activan unos genes
concretos, que desencadenan unas reacciones bioquímicas produciendo moléculas que crean el proceso inflamatorio.
Por último existe una clase de moléculas llamadas mediadores que transportan la señal bioquímica de una célula
a otra ampliando la inflamación. Las más importantes son las citoquinas y los eicosanoides. Afortunadamente,
el tipo y nivel de estas moléculas en el cuerpo puede estar influenciado por lo que comemos y el tipo de vida
que llevemos.
Inflamación general
Hay muchas enfermedades que producen inflamaciones como: artritis, dermatitis, periodontitis y enfermedades
inflamatorias del intestino. Pero existen otras muchas en las que quizás no sea tan obvia la relación entre
enfermedad e inflamación: alergias, asma, dolencias cardiacas, diabetes, cáncer, obesidad y osteoporosis.
Saber si se tiene un aumento del riesgo de sufrir inflamaciones crónicas y cómo minimizar
la exposición a los agentes desencadenantes permitirá cambiar el estilo de vida y así evitar los
desencadenantes.
¿Eres propenso a sufrir inflamación?
Algunas personas son más propensas a sufrir inflamaciones crónicas que otras, debido a las variaciones genéticas
y al estilo de vida. Es cierto que todos podemos evitar las inflamaciones si evitamos ciertas toxinas e
ingerimos alimentos que minimicen la respuesta inflamatoria. Sin embargo, algunas personas necesitan tener
más cuidado que otras. Algunas variantes de los genes pueden aumentar el riesgo de sufrir inflamaciones crónicas,
por lo que es esencial averiguar qué variantes tiene cada persona para poder tomar las medidas necesarias y
elegir la mejor dieta y el estilo de vida más adecuado.
Nutrigenética: Tus genes y la inflamación crónica.
La Nutrigenética permite conocer la variación genética de cada persona y así poder tomar las medidas necesarias.
Algunos genes, como el IL-6 y el IL-1 han sido identificados como los mayores responsables del desencadenamiento
de la inflamación. Dependiendo de la variación de éstos que tengamos, deberemos elegir una dieta y un estilo de
vida diferentes.
Qué puedes hacer contra la Inflamación.
La mayor defensa contra la inflamación, es identificar los desencadenantes más comunes y evitarlos en la medida
de lo posible. Se debe reducir el contacto con el tabaco y el resto de los humos, además de comprar productos
menos tóxicos para nuestros hogares, así como evitar los pesticidas y herbicidas. Estos últimos pueden encontrarse
en los alimentos del supermercado, por lo que comprar alimentos orgánicos que no hayan estado expuestos a estas
sustancias puede minimizar el riesgo de sufrir reacciones inflamatorias.
Por otro lado, se sabe de la existencia de alimentos que tienen propiedades que minimizan los efectos negativos
de una respuesta inflamatoria en el cuerpo. Una dieta que incluya frutas, vegetales, frutos secos, legumbre,
cereales integrales y proteínas de una forma equilibrada es la mejor manera de combatir este problema.
Sobre todo la mejor solución será consumir alimentos con grasas omega-3, omega-6 y polifenoles.
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